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miércoles, 16 de diciembre de 2015

ENTRENAMIENTO AERÓBICO O ANAERÓBICO: QUÉ SON Y QUÉ LES DIFERENCIA







Los conceptos aeróbico y anaeróbico hacen referencia a la forma en la que el cuerpo obtiene la energía necesaria para el ejercicio: con necesidad de oxígeno, aeróbico, o sin esta necesidad, anaeróbico. En la mayoría de ejercicios intervienen los dos tipos, pero suele predominar uno de ellos.

Así, podremos diferenciar también entre dos tipos de ejercicios, dependiendo cuál de los dos conceptos predominen: los ejercicios aeróbicos y los anaeróbicos.
EJERCICIO AERÓBICO
La característica común a todos los ejercicios aeróbicos es la necesidad de oxígeno para su realización. Este tipo de ejercicios suelen requerir una intensidad media o baja pero prolongarse durante notables períodos de tiempo. El organismo, durante su transcurso, quema hidratos de carbono y grasas, acción para la que necesita de oxígeno. Su finalidad, por lo tanto, suele ser la de perder peso, aunque mediante el transporte de oxígeno en la hemoglobina (proteína presente en los glóbulos rojos encargada de transportar el oxígeno a los tejidos corporales) también se ejercita el sistema cardiovascular, teniendo muchos efectos beneficiosos para el corazón.

Es considerado, por tanto, el ejercicio más recomendable para las personas con sobrepeso o enfermedades del aparato circulatorio, y no entraña excesiva dificultad al no requerir grandes inversiones de intensidad en cortos períodos de tiempo. Según expertos en Medicina, es el más recomendable y sería muy adecuado practicarlo de manera constante en la semana, si bien no se puede pasar de una vida plenamente sedentaria a una vida muy activa pues nuestro organismo podría resentirse por el brusco cambio. Incluso se recomienda, para evitar este resentimiento, realizarse un chequeo médico tras un largo período de sedentarismo para descartar dolencias o afecciones graves y establecer junto a tu médico la intensidad a la que debes realizar el ejercicio para no caer en sobreesfuerzos.

Para realizar este tipo de ejercicios correctamente se recomienda:
·         Conservar un nivel de hidratación adecuado, ingiriendo alrededor de un litro y medio de agua antes, durante y después del ejercicio, pese a que hay que saber que beber mucha agua en un periodo corto de tiempo puede generar molestias intestinales.
·         Para alcanzar buenos resultados, la duración de la rutina debe ser de al menos media hora.
·         Realizar un calentamiento previo de alrededor de 10 minutos para evitar lesiones musculares.
·         Llevar ropa holgada (preferentemente de algodón) y utilizar calzado cómodo.
·         Realizar un estiramiento tras la práctica del ejercicio para prevenir lesiones musculares posteriores.
Son actividades aeróbicas, por tanto, caminar a buen ritmo, bailar, montar en bicicleta, correr a un ritmo moderado, nadar, patinar, la realización de aeróbic, tenis o esquí de fondo, etc.
EJERCICIO ANAERÓBICO
 

Por su parte, la característica principal del ejercicio anaeróbico es la inexistencia de necesidad de oxígeno para su realización. No es que haya que dejar de respirar para poder poner en práctica la resistencia anaeróbica, sino que los músculos, principal foco de incidencia de las acciones de esta índole, utilizan reservas que encuentran en sus tejidos en vez del oxígeno proporcionado por la sangre. Este tipo de actividades requieren ejercer mucha intensidad en el movimiento en cuestión pero durante cortos períodos de tiempo. El organismo se beneficia de esta clase de ejercicio ya que durante su transcurso se obliga a los músculos a un trabajo superior al que realizarían en el ejercicio aeróbico, con lo que su finalidad principal será tonificar la musculatura y evitar su atrofia. Se distinguen dos tipos de sistemas mediante los cuales los músculos pueden abastecerse para no precisar del oxígeno sanguíneo:
·         El sistema ATP-PC, que usa fosfato de creatina durante los primeros diez segundos del ejercicio.
·         El sistema del ácido láctico (o glucólisis anaeróbica), que usa glucosa en ausencia de oxígeno. Este último consiste en un uso ineficiente de la glucosa, que produce el ácido láctico, que puede proporcionar energía durante tres minutos y que también es responsable de la aparición postrera de los calambres musculares, ya que los músculos no son capaces de deshacerse de esta sustancia. Este sistema también interviene en el ejercicio aeróbico, pero en menor medida, lo que provoca que nuestra musculatura sí pueda desechar este ácido láctico.
Este tipo de ejercicio estará recomendado, por tanto, para culturistas que pretendan fortalecer sus músculos o para deportistas que practiquen deportes de baja exigencia en materia de resistencia y que en cambio requieran mucha potencia (por ejemplo, los 100 metros lisos). No obstante, los especialistas también los recomiendan, por supuesto en menor medida, a los ancianos o personas con problemas de movilidad, pues una de sus funciones también es evitar la atrofia de los músculos, lo que sucede muy a menudo en estos colectivos. Es muy útil, por tanto, para restar dificultad a las acciones y tareas de la vida diaria, como levantar una mesa para trasladarla.
Son actividades anaeróbicas el levantamiento de pesas, las repeticiones de ejercicios abdominales, la realización de carreras cortas a gran velocidad, la práctica de gimnasia artística, etc.
COMBINACIÓN: LA MEJOR OPCIÓN
Una rutina de ejercicios saludable y equilibrada para una persona que no lleve una vida excesivamente sedentaria y que no esté aquejado de ninguna dolencia grave que le impida realizar algún ejercicio combinará los dos tipos para obtener plenos beneficios en su salud: pérdida de peso por la quema de grasas, mejora del sistema cardiovascular, disminución de la dificultad en la realización de deporte y mejora del aparato locomotor, entre muchos otros. Muchos deportes, como el fútbol o el baloncesto, combinan en la misma actividad los dos tipos, ya que dependiendo de la situación en la que nos encontremos deberemos utilizar la resistencia aeróbica o la anaeróbica. Aun así, se recomienda, a menos que haya algún objetivo especial (caso anteriormente mencionado de culturistas o deportistas de alto rendimiento), realizar un mayor número de veces por semana los ejercicios aeróbicos, siendo mejor en caso de poder realizarlos todos los días, y aislar más los anaeróbicos, dejándolos como un complemento a efectuar dos o tres veces en semana, más o menos dependiendo de la situación concreta de cada persona.

Conviene recordar también que en caso de estar en un proceso adelgazante o simplemente intentando mantener una vida saludable el ejercicio es muy importante, pero no lo es todo: se debe seguir una dieta en la que se controlen los tipos de alimentos que ingerimos, evitando el consumo excesivo de azúcares, bebidas alcohólicas, comida basura y excesivas grasas saturadas, y basando nuestra alimentación en frutas, vegetales, proteínas en su justa medida y grasas insaturadas siempre que sea posible. Esta combinación, mantenida en el tiempo con constancia, hará posible la realización de nuestros objetivos.


Alba Calzado García. 4°ESO C. Colegio San Buenaventura.


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