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viernes, 20 de abril de 2012

LESIONES EN EL DEPORTE

Lesiones producidas por el deporte
En algunos países, las lesiones producidas por el deporte son muy frecuentes. Los principios de la medicina deportiva pueden aplicarse al tratamiento de muchas lesiones musculosqueléticas, que pueden ser similares a una lesión durante una actividad deportiva, pero debidas a una causa distinta. Por ejemplo, el codo del tenista puede ser debido a la acción de cargar una maleta, atornillar, o abrir una puerta atascada, y una rodilla del corredor puede deberse a la acción de rotar excesivamente el pie hacia dentro al caminar (pronación).
Causas
Una lesión producida por el deporte se debe a métodos de entrenamiento incorrectos, anormalidades estructurales que fuerzan ciertas partes del cuerpo más que otras y debilidad de los músculos, tendones y ligamentos. El desgaste crónico es la causa de muchas de estas lesiones, que resultan de movimientos repetitivos que afectan a tejidos susceptibles.
Métodos de entrenamiento incorrectos
La mayoría de las lesiones musculares y articulares se deben a métodos de entrenamiento incorrectos. La persona no permite una recuperación adecuada al cabo de un período de entrenamiento, o bien no interrumpe el ejercicio cuando aparece el dolor.
Cada vez que se fuerzan los músculos en un entrenamiento intensivo, algunas fibras musculares se lesionan y otras consumen la energía disponible que ha sido almacenada en forma de glucógeno. Se requieren más de dos días para que las fibras sanen y para reemplazar el glucógeno. Debido a que únicamente las fibras no lesionadas y adecuadamente alimentadas funcionan de modo apropiado, los períodos de entrenamiento intensivo muy seguidos requieren, finalmente, un trabajo comparable por parte de una menor cantidad de fibras sanas, aumentando la probabilidad de lesiones. En consecuencia, se pueden prevenir las lesiones crónicas dejando un intervalo de al menos 2 días entre los períodos de entrenamiento intensivo, o alternando los que fuerzan diferentes partes del cuerpo. Muchos programas de entrenamiento alternan un día de entrenamiento intensivo con uno de reposo (como hacen muchos levantadores de pesas) o con un día de entrenamiento ligero. En el caso de un corredor, éste puede correr a un ritmo de 5 minutos/1,5 km un día y a un ritmo de 6 a 8 minutos/1,5 km al día siguiente. Si un atleta se entrena dos veces al día, cada ejercicio intenso debe seguirse al menos de 3 ejercicios menos enérgicos. Sólo los nadadores pueden practicar todos los días ambos entrenamientos, el enérgico y el ligero, sin lesionarse. La fuerza de ascenso del agua les ayuda a proteger sus músculos y articulaciones.
El dolor que precede a muchas lesiones por desgaste se presenta por primera vez cuando un número limitado de fibras del músculo o del tendón comienzan a desgarrarse. Interrumpir el ejercicio a la primera señal de dolor limita la lesión a dichas fibras, dando como resultado una recuperación más rápida. Continuar haciendo ejercicio mientras se siente dolor produce el desgarro de una mayor cantidad de fibras, extendiendo la lesión y retrasando la recuperación.
Anormalidades estructurales
Las anormalidades estructurales pueden hacer que una persona sea propensa a una lesión deportiva por el esfuerzo desigual de varias partes del cuerpo. Por ejemplo, cuando las piernas son desiguales en longitud, se ejerce una fuerza mayor sobre la cadera y la rodilla de la pierna más larga. Habitualmente, correr por los lados de caminos con terraplenes tiene el mismo efecto; pisar repetidamente con un pie la superficie un poco más elevada aumenta el riesgo de dolor o lesión en ese costado. La persona que tiene una curva exagerada de la columna vertebral puede sentir dolor de espalda cuando hace girar un bate de béisbol. Por lo general, el dolor desaparece cuando se interrumpe la actividad, pero recurre cada vez que se alcanza la misma intensidad de ejercicio.
El factor biomecánico que causa la mayoría de lesiones del pie, de la pierna y de la cadera es la pronación excesiva (una rotación de los pies hacia dentro después de entrar en contacto con el suelo). Cierto grado de pronación es normal y evita las lesiones dado que ayuda a distribuir la fuerza en todo el pie.
Sin embargo, la pronación excesiva puede causar dolor del pie, la rodilla y la pierna. En personas que tienen una pronación excesiva, los tobillos son tan flexibles que el arco de los pies toca el suelo mientras caminan o corren, dando la apariencia de pies planos. Un corredor con pronación excesiva puede sufrir dolor de las rodillas cuando corre largas distancias.
El problema contrario, la pronación escasa, puede ocurrir en las personas que tienen tobillos rígidos. En estas personas, el pie parece tener un arco muy elevado y no absorbe bien el impacto, aumentando el riesgo de producir pequeñas grietas en los huesos de los pies y las piernas (fracturas por sobrecarga).
Debilidad de músculos, tendones y ligamentos
Los músculos, los tendones y los ligamentos se desgarran cuando se someten a esfuerzos superiores a su fuerza intrínseca. Por ejemplo, pueden lesionarse si son demasiado débiles o rígidos para el ejercicio que se está intentando practicar. Las articulaciones son más propensas a las lesiones cuando los músculos y los ligamentos que las sostienen son débiles, como sucede después de un esguince. Los huesos debilitados por la osteoporosis se pueden fracturar fácilmente.
Los ejercicios de fortalecimiento ayudan a prevenir las lesiones. El ejercicio regular no aumenta ni refuerza la musculatura de forma significativa. El único modo de fortalecer los músculos es ejercitarlos contra una mayor resistencia de forma progresiva, como practicar un deporte cada vez más intenso, levantar pesas cada vez mayores, o usar máquinas especiales de fortalecimiento. Los ejercicios de rehabilitación para fortalecer los músculos y los tendones que ya están sanos se hacen, generalmente, levantando o presionando contra elementos resistentes, en series de 8 a 11 repeticiones, en días alternos como máximo.
Diagnóstico
Para diagnosticar una lesión deportiva u otra lesión musculosquelética, el médico indaga sobre el lugar y el modo en que se produjo la misma y sobre el tipo de actividades, recreacionales u ocupacionales, que la persona ha desempeñado recientemente, o que desempeña periódicamente. El médico examina también la zona lesionada. El paciente puede ser remitido a un especialista para otros exámenes. Las pruebas de diagnóstico pueden incluir radiografías, tomografía computarizada (TC), resonancia magnética (RM), artroscopia (observación de la articulación afectada a través de un pequeño instrumento introducido en la articulación), electromiografía y una exploración, con la ayuda de una computadora, de la función muscular y articular.
Prevención
El calentamiento antes de iniciar ejercicios extenuantes ayuda a la prevención de las lesiones. Ejercitarse a paso tranquilo durante 3 a 10 minutos calienta los músculos lo suficiente como para hacerlos más flexibles y resistentes a las lesiones. Este método activo de calentamiento prepara los músculos para ejercicios enérgicos con mayor eficacia que los métodos pasivos como el agua caliente, las almohadillas de calor, el ultrasonido o la lámpara de rayos infrarrojos. Los métodos pasivos no aumentan la circulación de la sangre de modo significativo.
Enfriamiento significa una reducción gradual de la velocidad antes de interrumpir el ejercicio y evita el mareo al mantener la circulación sanguínea. Cuando se interrumpe bruscamente un ejercicio enérgico, la sangre se puede acumular en las venas de las piernas (se remansa), reduciendo momentáneamente la irrigación cerebral. El resultado puede ser mareo e incluso desvanecimiento. El enfriamiento también ayuda a eliminar los residuos como el ácido láctico de los músculos, pero no parece prevenir el dolor muscular al día siguiente, causado por la lesión de las fibras musculares.
Los ejercicios de estiramiento no parecen prevenir las lesiones, pero alargan los músculos de tal forma que se pueden contraer más eficazmente y funcionar mejor. Para evitar daños musculares durante el estiramiento, éste se debe realizar después del calentamiento o del ejercicio. Cada estiramiento debe ser lo suficientemente cómodo como para contar hasta 10.
Las plantillas para el calzado (ortopédicas) pueden a menudo corregir los problemas del pie como la pronación. Las plantillas, que pueden ser flexibles, semirrígidas o rígidas, y pueden variar en longitud, deben ser colocadas dentro de zapatillas de deporte adecuadas. Las zapatillas de deporte de buena calidad tienen un talón rígido (la parte posterior de la zapatilla que cubre el talón) para controlar el movimiento de la cara posterior del pie, un soporte de una parte a otra del empeine (guarnición), para prevenir la pronación excesiva, y una abertura acolchada (collar), para sostener el tobillo. El calzado debe tener el espacio adecuado para la plantilla. Las plantillas ortopédicas generalmente reducen la talla del calzado en un número. Por ejemplo, un zapato del 38 con una plantilla ortopédica se transforma en un 37.
Tratamiento
El tratamiento inmediato para casi todas las lesiones del deporte consiste en reposo, hielo, compresión y elevación. La parte lesionada se inmoviliza inmediatamente para minimizar la hemorragia interna y la hinchazón y para evitar que la lesión empeore. La aplicación de hielo hace que los vasos sanguíneos se contraigan, ayudando a limitar la inflamación y a reducir el dolor. Vendar la parte lesionada con cinta adhesiva o una venda elástica (compresión) y llevarla por encima del corazón (elevación) ayuda a limitar la hinchazón. Una bolsa de hielo como las que se encuentran en el comercio, o una bolsa de hielo triturado o picado, que se amolda al contorno del cuerpo mejor que el hielo en cubitos, se puede colocar sobre una toalla encima de la parte lesionada durante 10 minutos. Un vendaje elástico se puede envolver, sin apretar, alrededor de la bolsa de hielo y la parte lesionada. La parte lesionada se debe mantener elevada, pero el hielo se debe quitar durante 10 minutos, con una nueva aplicación al cabo de ese tiempo durante otros 10 minutos y así sucesivamente durante una o dos horas. Este proceso puede repetirse varias veces durante las primeras 24 horas.
El hielo calma el dolor y la hinchazón de varios modos. La parte lesionada se hincha porque el líquido escapa de los vasos sanguíneos. La aplicación de frío (que causa una contracción de los vasos sanguíneos) reduce esta tendencia del líquido a escaparse; de este modo se restringe la cantidad de líquido y la hinchazón de la parte lesionada. Disminuyendo la temperatura de la piel sobre la lesión, se puede reducir el dolor y los espasmos musculares. El hielo también limita la destrucción de los tejidos mediante la disminución de la velocidad de los procesos celulares.
Sin embargo, la aplicación demasiado prolongada de hielo puede lesionar los tejidos. La piel reacciona por reflejo cuando alcanza una temperatura baja (alrededor de 27 °C), dilatando los vasos sanguíneos de la zona. La piel enrojece, se calienta, causa picor y puede doler. Estos efectos aparecen generalmente de 9 a 16 minutos después de que se haya aplicado el hielo y disminuyen en 4 a 8 minutos, una vez retirado el hielo. Por tanto, se debe quitar el hielo cuando se manifiesten estos efectos o al cabo de 10 minutos de su aplicación, pero se puede repetir al cabo de otros 10 minutos.
Las inyecciones de corticosteroides en la articulación lesionada o en los tejidos circundantes alivian el dolor, reducen la hinchazón y pueden en ocasiones ser una ayuda adicional para el reposo. Sin embargo, estas inyecciones pueden demorar el proceso de curación, aumentando el riesgo de daño al tendón o al cartílago. La lesión puede empeorar si la persona usa la articulación lesionada antes de que ésta sane.
Los fisioterapeutas pueden aplicar calor, frío, electricidad, ultrasonidos o establecer la práctica de ejercicios en el agua como parte de un plan de rehabilitación. Se aconseja así mismo el uso de plantillas especiales para el calzado u otros accesorios ortopédicos. La duración de la terapia física depende del grado de gravedad y complejidad de la lesión.
La actividad o el deporte que causó la lesión deben evitarse hasta la curación. La sustitución por actividades que no fuerzan la zona lesionada es preferible antes que abstenerse de toda actividad física, dado que la inactividad completa causa la pérdida de la masa muscular, la fuerza y la resistencia. Por ejemplo, una semana de reposo requiere al menos 2 semanas de ejercicio para volver al nivel de estado físico anterior a la lesión. Las actividades que pueden sustituir a la habitual incluyen ciclismo, natación, esquí y remo, cuando la parte inferior de la pierna o el pie están lesionados; correr sin moverse de sitio o sobre un trampolín, natación y remo, cuando las lesiones se localizan en la parte superior de la pierna; ciclismo y natación, cuando están en la zona inferior de la espalda; y carrera, patinaje y esquí, cuando están en el hombro o en el brazo.
Fractura del pie por sobrecarga
Las fracturas por sobrecarga son pequeñas grietas causadas por impactos repetitivos y se presentan habitualmente en los huesos de la parte media del pie (los metatarsianos).
Lesiones habituales en el deporte
En el deporte existen una serie de lesiones frecuentes que incluyen las fracturas por sobrecarga, los dolores de los músculos anteriores de la tibia, las tendinitis, la rodilla del corredor, las lesiones del tendón de los músculos del hueco poplíteo, la espalda del levantador de pesas, el codo del tenista, las lesiones de la cabeza y del pie. También pueden ocurrir al realizar otras actividades.
Fracturas del pie por sobrecarga
Las fracturas por sobrecarga son pequeñas fisuras en los huesos que, a menudo, se desarrollan por un impacto crónico y excesivo.
En los corredores, los huesos del mediopié (metatarsianos) son especialmente propensos a estas fracturas. Los huesos más susceptibles de sufrir fracturas son los metatarsianos de los tres dedos medios del pie. El hueso metatarsiano del dedo gordo es relativamente resistente a cualquier lesión debido a su fortaleza y a su mayor tamaño, y el hueso metatarsiano del dedo pequeño está generalmente protegido porque la mayor fuerza de empuje la ejerce el dedo gordo y el de al lado.
Los factores de riesgo de las fracturas por sobrecarga del pie incluyen arcos pronunciados, zapatillas de deporte con absorción inadecuada del impacto y aumento repentino de la intensidad o cantidad de los ejercicios. Las mujeres posmenopáusicas pueden ser particularmente propensas a este tipo de fracturas debido a la osteoporosis.
El síntoma primario es el dolor en el antepié, durante un período largo o intensivo de entrenamiento. Al principio, el dolor desaparece en segundos cuando se interrumpe el ejercicio. Si se prosigue el entrenamiento, el dolor aparece enseguida y se prolonga incluso después de la interrupción del ejercicio. Por último, el dolor intenso puede impedir la carrera y persistir incluso durante el reposo. La zona circundante a la fractura puede hincharse.
El médico basa a menudo su diagnóstico en la historia de los síntomas y en el examen del pie. El punto de la fractura duele al tacto. Las fracturas por sobrecarga son tan finas que, en ocasiones, no se detectan inmediatamente en las radiografías. Lo que sí se puede detectar es el tejido (callo) que se forma alrededor del hueso roto al cabo de 1 o 3 semanas de la lesión, cuando el hueso comienza a sanar. Una TC puede confirmar el diagnóstico de manera precoz, pero rara vez es necesaria.
La persona no debe correr hasta que la fractura por sobrecarga sane, pero puede sustituir la carrera por otros ejercicios. Pueden ser útiles para prevenir las recidivas (una vez que la fractura sane), tanto el uso de zapatillas deportivas (con soporte adecuado para absorber el impacto), como la carrera sobre la hierba u otras superficies suaves. En pocas ocasiones está indicado colocar una escayola. En caso de emplearse, se debe retirar al cabo de una o dos semanas para evitar que se debiliten los músculos. La curación, por lo general, precisa entre 3 y 11 semanas, aunque puede prolongarse en personas de edad avanzada o débiles.
Lesiones musculares de la tibia
El dolor muscular sobre la espinilla se debe a la lesión de los músculos de la tibia.
La causa habitual es un esfuerzo prolongado y repetido sobre la parte inferior de la pierna. Dos grupos musculares de la tibia son propensos a este tipo de dolor. La localización del mismo depende del grupo afectado.
El dolor anterolateral afecta a los músculos de la parte frontal (anterior) y externa (lateral) de la tibia. Este tipo de lesión es el resultado de un desequilibrio natural en el tamaño de los músculos opuestos. Los músculos anteriores de la pierna mantienen el antepié en alto y los músculos más largos y más fuertes de la pantorrilla (posteriores) bajan el pie cada vez que el talón toca el suelo al caminar o correr. Los músculos de la pantorrilla ejercen tanta fuerza que pueden lesionar los músculos de la parte anterior de la pierna.
El síntoma principal del calambre anterolateral es el dolor en la cara frontal y externa de la tibia. Al principio, el dolor se siente sólo inmediatamente después de que el talón toca con fuerza el suelo durante la carrera. Si la carrera continúa, el dolor aparece a cada paso, volviéndose finalmente constante. Por lo general, en el momento en que la persona acude al médico, la espinilla ya duele al tacto.
Para que estas molestias desaparezcan, el corredor debe dejar de correr temporalmente y practicar otro tipo de ejercicios. Son útiles los ejercicios para estirar los músculos de la espinilla. Una vez que los músculos anteriores de la pierna comienzan a sanar, los ejercicios de estiramiento y los ejercicios con un cubo de asa pueden realizarse en 3 series de 10 movimientos en días alternos.
Los dolores posteromediales afectan a los músculos de la cara posterior e interna (medial) de la tibia (los responsables de levantar el talón justo antes de que los dedos del pie se aparten del suelo). Este tipo de afección suele ser el resultado de correr sobre pistas inclinadas o calles con desniveles y puede agravarse debido a la rotación excesiva del pie hacia dentro, o por el uso de zapatillas de deporte inadecuadas para prevenir tal rotación durante la carrera.
El dolor producido por este tipo de lesión comienza habitualmente en el lado interno de la parte inferior de la pierna, aproximadamente entre 1 y 20 centímetros por encima del tobillo, y empeora cuando el corredor se para sobre los dedos o gira el tobillo hacia dentro. Si la persona sigue corriendo, el dolor llega incluso a la parte interna del tobillo, pudiendo extenderse por la espinilla hasta unos 5 o 10 centímetros de la rodilla. La gravedad del dolor aumenta a medida que la lesión va afectando a los músculos de la tibia. Al principio, sólo se inflaman y duelen los tendones del músculo, pero si la persona sigue corriendo, pueden resultar afectados incluso los músculos. Finalmente, la tensión sobre el tendón inflamado puede hacer que se desgarre a nivel de su unión con el hueso, causando hemorragia y mayor inflamación. En ocasiones, también se desgarra la parte de la tibia que está unida al tendón.
Dolores de los músculos de la espinilla
Los dolores de espinilla pueden desarrollarse en los músculos de la parte frontal y externa de la tibia (calambres anterolaterales) o en los músculos de la parte posterior e interna (calambres posteromediales). La zona dolorosa varía según cuáles sean los músculos afectados.
Anterolateral Posteromedial
El tratamiento principal consiste en dejar de correr y hacer otro tipo de ejercicios hasta que pase el dolor. Las zapatillas de deporte con talón rígido (la parte posterior del calzado) y los soportes especiales para el arco pueden resguardar el pie de una rotación excesiva. Evitar correr sobre superficies inclinadas puede ayudar a prevenir la recidiva de los dolores. Se recomienda la práctica de ejercicios de estiramiento de los músculos lesionados. En casos más graves, en los que se desgarra un fragmento del hueso de la tibia, puede estar indicada una intervención quirúrgica para fijarlo. Después de la cirugía, el paciente evitará correr durante largo tiempo. Algunos casos que no respondían a otros tratamientos se han curado con una terapia experimental, consistente en la inyección diaria de calcitonina (una hormona que forma el tejido óseo) o alendronato (un fármaco que retrasa la pérdida ósea) administrado por vía oral. En ocasiones, ninguno de los tratamientos disponibles es eficaz y el corredor debe abandonar este deporte definitivamente.
Tendinitis poplítea
La tendinitis poplítea es un desgarro en el tendón poplíteo, que se extiende desde la superficie externa de la parte inferior del hueso del muslo (fémur), diagonalmente, a través de la cara posterior de la rodilla, hasta la parte interna del extremo superior de la tibia.
El tendón poplíteo evita las torsiones hacia fuera de la mitad inferior de la pierna durante la carrera. La excesiva rotación del pie hacia dentro (pronación) así como correr cuesta abajo, tienden a ejercer una tensión excesiva sobre este tendón, pudiendo desgarrarlo.
El dolor y la inflamación, particularmente cuando se corre cuesta abajo, se manifiestan a lo largo de la cara externa de la rodilla. No se debe volver a correr hasta que el dolor desaparezca del todo y al reanudar las carreras tampoco se debe correr cuesta abajo, al menos durante 3 semanas El ciclismo es una buena alternativa de ejercicio durante el período de curación. Las plantillas para el calzado, especialmente una cuña triangular colocada a nivel de la parte interna del talón (cuña en varo), ayudan a mantener el pie a salvo de rotaciones hacia dentro.
Tendinitis aquílea
La tendinitis aquílea es una inflamación del tendón de Aquiles, un cordón muy resistente que se extiende desde los músculos de la pantorrilla hasta el talón.
Los músculos de la pantorrilla y el tendón de Aquiles bajan la parte anterior del pie después del contacto del talón con el suelo y suben el talón mientras los dedos se levantan, justo antes de pisar con el otro pie.
La tendinitis aquílea se produce cuando la presión ejercida sobre el tendón es mayor que la resistencia del propio tendón. Correr cuesta abajo ejerce una tensión adicional sobre el tendónde Aquiles porque el pie delantero se adelanta más antes de tocar el suelo. Correr cuesta arriba también tensa el tendón porque los músculos de la pantorrilla deben realizar un esfuerzo mayor para subir el talón cuando los dedos se levantan. Una talonera blanda (la parte posterior del calzado que cubre el talón) permite un movimiento excesivo del talón, tensando el tendón de Aquiles de modo desigual, lo que aumenta la probabilidad de desgarro. El calzado con suela rígida que no se dobla en la zona que une los dedos al pie, ejerce mayor tensión sobre el tendón de Aquiles, precisamente antes de que los dedos se levanten del suelo.
Son varios los factores biomecánicos que predisponen a la lesión de este tendón. Entre éstos destacan la rotación excesiva del pie hacia dentro (pronación), el hábito de utilizar demasiado el extremo posterior del talón (revisando el tacón de las zapatillas de deporte se nota dónde está más desgastado), las piernas arqueadas, la excesiva tensión del tendón de los poplíteos y de los músculos de la pantorrilla, los arcos de los pies muy pronunciados, los tendones de Aquiles demasiado tensos y las deformidades del talón.
El dolor, síntoma principal, es por lo general más agudo cuando una persona comienza a moverse después de haber estado sentada o acostada, o comienza la marcha o la carrera. Con frecuencia, el dolor se alivia al seguir caminando o corriendo, a pesar del dolor y de la rigidez. El tendón de Aquiles está envuelto en una vaina protectora; entre el tendón y su vaina hay una capa delgada de grasa que permite que el tendón se mueva libremente. Cuando el tendón se lesiona, se forman cicatrices entre el mismo y su vaina, haciendo que el tendón tire de la vaina a cada movimiento. De ahí que el movimiento sea doloroso. Seguir caminando o corriendo alivia el dolor porque aumenta la temperatura de la vaina, haciéndola más flexible, de modo que el tendón puede moverse con más libertad. Habitualmente, la presión sobre el tendón también causa dolor.
Si la persona ignora el dolor y sigue corriendo, una cicatriz rígida reemplaza el tendón elástico que dolerá siempre durante el ejercicio, sin posibilidad de curación.
Abstenerse de correr y pedalear en bicicleta mientras el dolor persiste es una parte importante del tratamiento. Otras medidas dependen de la causa probable o de la predisposición, e incluyen el uso de calzado con suelas flexibles y el uso de plantillas dentro de las zapatillas de deporte para reducir la tensión sobre el tendón y estabilizar el talón. Los ejercicios para estirar los músculos del tendón del hueco poplíteo pueden iniciarse tan pronto como no se note dolor al realizarlos. También son útiles los ejercicios para fortalecer el tendón de Aquiles, tales como extender y levantar los dedos de los pies. Una vez que la persona reanuda la actividad, no deberá correr cuesta arriba o cuesta abajo a paso veloz hasta que el tendón sane del todo, proceso que puede tardar semanas o años.
Rodilla del corredor
La rodilla del corredor (síndrome de tensión patelo-femoral) es un trastorno en que la rótula (patela) roza contra el extremo inferior del hueso largo del muslo (fémur), cuando la rodilla se mueve.
La rótula es un hueso plano triangular, que está fijado por ligamentos y tendones a la cara anterior de la rodilla. Normalmente tiene un ligero movimiento ascendente o descendente, sin tocar el fémur durante la carrera.
Rodilla del corredor
En general, cuando uno corre, la rótula se mueve suavemente hacia arriba o hacia abajo sin tocar el hueso del muslo (fémur). Si los pies rotan hacia dentro de forma excesiva (pronación), la parte inferior de la pierna se tuerce hacia adentro, llevando la rótula hacia adentro, mientras que los músculos cuádriceps la empujan hacia afuera. Estas fuerzas opuestas hacen que la parte posterior de la rótula roce contra el extremo
del hueso del muslo, produciendo dolor.

La rodilla del corredor puede resultar de la acción de un defecto estructural, como una rótula ubicada en posición demasiado alta en la articulación de la rodilla (patela alta), o un tendón de los músculos poplíteos demasiado tensado, tendones de Aquiles tirantes, o por debilidad en los músculos del muslo que, habitualmente, contribuyen a estabilizar la rodilla. La causa tratable más frecuente es la rotación excesiva del pie hacia dentro (pronación) al andar o correr, mientras los músculos anteriores del muslo (cuádriceps) tiran la rótula hacia fuera. Actuando juntas, estas fuerzas hacen que la rótula roce contra la extremidad del hueso del muslo.
Por lo general, el dolor y la hinchazón suelen comenzar durante la carrera y se concentran debajo de la superficie de la rótula. Al principio, sólo correr cuesta abajo es doloroso, pero más tarde, cualquier tipo de carrera genera dolor, y finalmente los demás movimientos de la pierna (sobre todo, bajar escalones) pueden ser dolorosos.
Es importante abstenerse de correr hasta poder hacerlo sin sentir dolor. Se puede continuar con los demás ejercicios, como ir en bicicleta (si no resulta doloroso), remar y nadar, para mantener un buen estado físico. Son útiles los ejercicios de estiramiento de los músculos de la cara posterior (músculos del hueco poplíteo) y frontal (cuádriceps) del muslo, y de fortalecimiento del vasto medial (un músculo interno del muslo que empuja la rótula hacia dentro). Existen en el comercio unos soportes de arco que, colocados en el calzado utilizado para ejercicios o para andar por la calle, pueden ser de ayuda. En ocasiones, las plantillas deben hacerse a la medida.
Lesión de los músculos del hueco poplíteo
Una lesión de los músculos del hueco poplíteo (torcedura del músculo femoral posterior, desgarro del tendón de los músculos del hueco poplíteo) es cualquier lesión de los músculos de la parte posterior del muslo.
Los músculos de la zona poplítea, que enderezan la cadera y doblan la rodilla, son más débiles que los cuádriceps opuestos (músculos anteriores del muslo). Si los músculos del hueco poplíteo no tienen al menos un 60 por ciento de la fuerza de los cuádriceps, éstos se sobreponen a aquéllos y los lesionan. Una lesión de los músculos de la zona poplítea causa, por lo general, un dolor repentino en la cara posterior del muslo, cuando los músculos se contraen brusca y violentamente.
El tratamiento inmediato consiste en reposo, hielo, compresión y elevación de la pierna. Mientras los músculos se curan no es recomendable correr ni saltar, pero se puede correr sobre una cinta mecánica, remar, o nadar, a menos que estas actividades causen dolor. Una vez que los músculos empiezan a curarse, los ejercicios para fortalecerlos pueden ayudar a evitar una recidiva.
Dorsalgia de levantador de pesas
La dorsalgia del levantador de pesas (esguince lumbar) es una lesión de los tendones y músculos de la parte inferior de la espalda, que causa espasmos musculares e inflamación.
Cualquier esfuerzo importante puede desgarrar los músculos y los tendones de la parte inferior de la espalda (la región lumbar). Este tipo de lesión es frecuente en los deportes que requieren empujar o tirar de grandes pesos, como levantar una pesa del suelo, o agarrar o empujar a un jugador adversario en el fútbol americano. Este tipo de lesión también se observa en los deportes que requieren torsiones repentinas de la espalda: darse la vuelta para driblar después de capturar un rebote en baloncesto o manejar un bate de béisbol o un palo de golf.
Los factores de riesgo que favorecen una lesión de la zona lumbar incluyen una curva exagerada de la parte inferior de la columna vertebral, la pelvis (hueso de la cadera) desplazada hacia delante, los músculos de la espalda demasiado rígidos o débiles, los músculos abdominales débiles y los músculos del tendón del hueco poplíteo poco flexibles. La espalda es también propensa a lesiones cuando la columna vertebral está debilitada por la artrosis, las vértebras mal alineadas, los discos con hernias o roturas, o un tumor óseo.
Una lesión de la zona lumbar suele causar un dolor repentino en la espalda durante una torsión, un empuje o un estiramiento. Al inicio, el dolor no es lo suficientemente fuerte como para interrumpir los ejercicios; sin embargo, el músculo o tendón desgarrado sigue perdiendo sangre y se hincha. Dos o tres horas más tarde, se producen espasmos que causan un dolor intenso. La persona suele preferir permanecer inmóvil, con frecuencia acurrucada en posición fetal, dado que los espasmos musculares pueden agravarse por cualquier movimiento de la espalda. La zona inferior de la espalda puede doler al tacto y empeora cuando la persona se inclina hacia delante.
Tan pronto como sea posible, después de la lesión, la persona debe permanecer en reposo absoluto, aplicando hielo y compresas sobre la inflamación. Los ejercicios para fortalecer los músculos abdominales que ayudan a estabilizar la espalda, y para estirar y fortalecer los músculos de la espalda, son beneficiosos una vez que la curación ha comenzado. Una máquina de remo es excelente para el fortalecimiento de la espalda, si no se produce dolor.
Una curva exagerada de la parte inferior de la columna vertebral (que tiende a aumentar la tensión sobre los músculos que la sostienen) está determinada, en gran parte, por la inclinación de la pelvis. Por tanto, la curva exagerada puede atenuarse con una variedad de ejercicios que inclinan la parte superior de la pelvis hacia atrás, es decir, a una posición más normal. Dichos ejercicios consisten en el fortalecimiento de los músculos abdominales (para acortarlos) y el estiramiento de los músculos del muslo (para alargarlos). Usar una faja para levantar pesas puede ayudar a prevenir las lesiones de la espalda.
Codo del tenista debido al golpe de revés
El codo del tenista debido al golpe de revés (epicondilitis lateral) es la lesión de los tendones que doblan la muñeca hacia detrás de la palma, causando dolor en la cara posterior y externa del antebrazo.
Los músculos del antebrazo que están unidos a la parte externa del codo duelen cuando se ejerce una sobrecarga en el punto de unión. Este tipo de lesión suele ser más evidente durante un golpe de revés. La fuerza de la raqueta, al golpear la pelota, puede lesionar los tendones cuando se deslizan por encima de la parte final del codo. Los factores que aumentan las posibilidades de desarrollar esta afección son, entre otros, el uso inadecuado de golpes de revés, la debilidad de los músculos del hombro y la muñeca, el uso de una raqueta demasiado tirante o con mangos excesivamente pequeños, golpear la pelota con los bordes de la raqueta y golpear pelotas pesadas y mojadas.
El primer síntoma es el dolor durante un golpe de revés u otros movimientos repetitivos similares. El dolor se siente a lo largo del lado posterior y externo del codo y en el antebrazo, es decir, del mismo lado del pulgar cuando la mano está al costado con el pulgar hacia fuera del cuerpo. Seguir jugando puede extender la zona de dolor desde el codo hacia la muñeca y provocar dolor incluso en reposo. El codo duele cuando el jugador coloca el brazo y la palma de la mano hacia abajo sobre una mesa y trata de subir la mano doblando la muñeca contra una resistencia.
El tratamiento consiste en evitar cualquier ejercicio que produzca dolor. Los ejercicios en los que no se usa la muñeca, como correr, el ciclismo, o el baloncesto, o incluso el frontón con raqueta o el squash (en los que la pelota golpea la raqueta con menor fuerza que en el tenis), pueden ser, en cambio, practicados para mantener un buen estado físico. Pueden iniciarse los ejercicios de fortalecimiento una vez que la lesión sane. Generalmente, se deberán fortalecer todos los músculos que flexionan y extienden la muñeca.
Codo del tenista
Los dos tipos de codo del tenista (del golpe directo y del golpe de revés) causan dolor en zonas diferentes del codo y del antebrazo.
Lesión debida al golpe directo
Lesión debida al golpe del revés
Codo del tenista debido al golpe directo
El codo del tenista debido al golpe directo (codo del jugador de béisbol, codo del porteador de maletas, epicondilitis medial) es la lesión de los tendones que doblan la muñeca hacia la palma, causando dolor en el antebrazo del lado de la palma, desde el codo hacia la muñeca.
Esta lesión se produce al doblar la muñeca hacia la palma con fuerza excesiva. Los factores que producen dicha fuerza incluyen debilidad de los músculos del hombro o de la mano, un saque muy fuerte o con efecto en tenis, jugar con pelotas pesadas o mojadas, usar una raqueta demasiado pesada, con un mango excesivamente corto o con las cuerdas demasiado tensadas; lanzar una pelota de béisbol, arrojar una jabalina y cargar una maleta muy pesada. Insistir en practicar ejercicios cuando se sufre dolor puede desgarrar los tendones a nivel de su inserción en el hueso y causar una hemorragia. El síntoma principal es el dolor en el lado interno del codo y en el antebrazo del mismo lado que el dedo meñique, cuando se dobla la muñeca hacia la palma contra resistencia, o cuando se aprieta una pelota de goma dura. Para confirmar el diagnóstico, el médico invita al paciente a sentarse en una silla, apoyando el brazo lesionado sobre una mesa, con la palma de la mano hacia arriba.
El médico sujeta la muñeca y pide al paciente que levante la mano doblando la muñeca; si la persona sufre este tipo de lesión, nota dolor en el codo. La persona no debería practicar ninguna actividad que cause dolor cuando la muñeca se dobla hacia la palma, o cuando se gira de modo tal que el dedo meñique está próximo al cuerpo. Una vez que la lesión sane, el jugador de tenis deberá fortalecer también los músculos de la muñeca y del hombro, al igual que los músculos lesionados.
Tendinitis del manguito de los rotadores
La tendinitis del manguito de los rotadores (hombro del nadador, hombro del tenista, hombro del lanzador de béisbol, síndrome del hombro del boxeador) es un desgarro e hinchazón del manguito de los rotadores (músculos y tendones que sostienen la parte superior del brazo sujeta a la articulación del hombro).
Los rotadores se lesionan, a menudo, en los deportes que requieren que el brazo se mueva por encima de la cabeza repetidamente, como lanzar la pelota en béisbol, levantar pesas por encima del hombro, servir en deportes de raqueta y nadar estilo libre, mariposa o espalda. Mover repetidamente el brazo por encima de la cabeza hace que la extremidad del hueso del brazo roce contra una parte de la articulación del hombro y sus tendones, desgarrando algunas fibras. Si se prosigue el movimiento, a pesar del dolor, el tendón puede desgarrarse del todo o incluso arrancar parte del hueso.
El dolor en el hombro es el síntoma principal. Inicialmente, el dolor se presenta sólo durante las actividades que requieren levantar el brazo por encima de la cabeza y llevarlo hacia atrás enérgicamente. Más tarde, el dolor se puede presentar incluso cuando el brazo se mueve hacia delante para estrechar la mano. Por lo general, empujar objetos es doloroso, pero no acercarlos hacia el cuerpo.
El diagnóstico se establece cuando determinados movimientos, especialmente levantar el brazo por encima del hombro, causan dolor e inflamación. A veces, las artrografías (radiografías que se hacen después de inyectar una sustancia detectable en los rayos X dentro de la articulación) pueden detectar el desgarro completo del tendón, pero casi nunca son lo suficientemente sensibles como para detectar los desgarros parciales.
El tratamiento consiste en dejar descansar los tendones lesionados y fortalecer el hombro. Se deberían evitar los ejercicios que requieren empujar algo hacia fuera o levantar los codos por encima del hombro. Sin embargo, remar de pie sin resistencia (doblando, no alzando los codos) y empujar hacia abajo en una máquina de pesas que ejercita el músculo ancho dorsal (latissimus) y los hombros, son ejercicios que se pueden realizar si no producen dolor. La cirugía es a veces necesaria cuando la lesión es particularmente grave, el tendón está completamente desgarrado, o la lesión no se cura en el período de un año.

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